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Gastronomía de Fuerteventura
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La Cocina Canaria está considerada como la más original de todas las que comprende la gastronomía española.
La gastronomía de Fuerteventura, al igual que la del resto del Archipiélago, es el privilegiado resultado de la confluencia de costumbres prehispánicas con las numerosas culturas europeas, africanas y latinoamericanas que la han ido influenciando desde su conquista a finales del siglo XV. Estas fórmulas se adaptaron a las peculiaridades de la Isla y a sus muy escasos recursos. El resultado es una cocina extremadamente sencilla, realizada con los pocos productos que da una tierra en la que la lluvia es un regalo que se prodiga rara la vez.
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Papas con mojo picón
Suculentos guisos y caldos
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Por razones de clima y costumbre, en Fuerteventura, como en el resto de las Islas Canarias, las comidas son sobrias, siendo los elementos básicos de su cocina los abundantes pescados y productos de la tierra, sazonados con mojos y aliños especiales.
Dos son las fuentes de riqueza culinaria de Fuerteventura: la cabra, que da una sabrosa y contundente carne y un exquisito y renombrado queso; y el mar, del que se extrae una extensa variedad de especies.
Las costumbres están muy arraigadas en esta isla, las fiestas se celebran con comidas y en ellas siempre están presentes los productos de la tierra, sazonados con mojos y aliños típicos y por supuesto el gofio, presente en desayunos, comidas y cenas.
Las verduras normalmente componen los primeros platos. En realidad los ranchos, potajes (con toda clase de verduras cosechadas en la isla: calabaza, bubangos, calabacines, papas, arvejas, habichuelas, etc.) y sopas verdes (a basa de huevo, papas y perejil) son frecuentes en las localidades del archipiélago canario.
Una de las especialidades vinculadas a las verduras es el tradicional puchero canario compuesto de bubangos, papas, coles, zanahorias, calabazas, batatas, piñas de millo (maíz), habichuelas, garbanzos y carne de cerdo y de res.
Es costumbre añadir gofio al potaje de verduras o al caldo del puchero para crear el escaldón.
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La ganadería fue, tras la conquista en el siglo XV a manos del normando Jean de Bethencourt, la segunda actividad económica de la Isla tras la agricultura, y prehistóricamente la primera.
A la llegada de los castellanos, el ganado autóctono era la cabra y ésta sigue siendo el elemento fundamental de su gastronomía.
La pesca también tiene aquí su relevancia, sobre todo cuando se trata de una isla en la que existe verdadera pasión por las costas y los productos del mar.
La captura suele ser muy variada y desigual, y lo que con más frecuencia se saca del mar son: cabrillas, salemas, sargos, gallos, herreras, brecas, chopas, burritos, bocinegros, viejas, pulpo, mero, samas, atún, etc. Pero aparte de éste nutrido grupo, nos podemos encontrar con: morenas, de las cuales, las blancas son las más apreciadas; también, agriotes (briotas), abaes (abadejos) y fulas (castañuelas), que son menos valoradas y de hecho, se las usa para decir que no hay nada que pescar.
Uno de los platos más preciados son los ranchos de pescado.
La riqueza pesquera de las Islas Canarias puede degustarse a lo largo y ancho de esta tierra, comenzando por las calderetas de pescado.
El pescado suele prepararse simplemente sancochado (cocido), aderezado con aceite, vinagre y pimienta picante (guindilla) o acompañado de mojo. Los sabrosos atunes, que se capturan abundantemente en esta zona, suelen prepararse a la plancha o en escabeche.
En las Islas Orientales se jarea todo tipo de alimento procedente del mar: tanto pulpos, viejas, como otros pescados.
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Rancho
Canario. |
Deliciosos platos de pescado
canario. |
Una gran variedad de fabulosos
postres. |
Jarear: poner al sol y secar al aire. Es un proceso transmitido de padres a hijos durante centurias, constituyendo una de las exquisiteces de la gastronomía de Fuerteventura y Lanzarote.
Los molinos de Fuerteventura, por último, sorprenden a los viajeros que llagan hasta esta Isla.
Aunque ahora la aridez de su tierra no da pistas sobre la fertilidad pasada, lo cierto es que años atrás Fuerteventura fue conocida como el granero de Canarias.
Aquí se cosechaba el trigo, la cebada y el centeno que constituyeron la base alimenticia de los primeros colonos, quienes, como en el resto de las Islas, adoptaron la costumbre aborigen de elaborar gofio -harina de cereal tostada-. Éste se consume de diversas maneras: con leche, miel, acompañado con azúcar, queso, plátano, almendras, uvas pasas, o escaldado con el caldo del puchero o con el caldo de pescado.
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Canarias ofrece una gran variedad de quesos, muestras de una amplia variedad de sabores que dependen del clima y del pasto del ganado, lo que le imprime distinto carácter en cada isla.
Pero si hay un producto caprino que ha alcanzado cotas de reconocimiento internacional es el Queso Majorero.
Actualmente con Denominación de Origen, está elaborado exclusivamente con leche de cabra y para su conservación se suele untar con gofio, aceite o pimentón, lo que le confiere un curioso punto picante.
El Queso Majorero se elabora en Fuerteventura con leche cruda de cabra o pasteurizada, de coagulación enzimática y pasta prensada no cocida.
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Fue tanto el primer queso canario con denominación de origen, como el primer queso de cabra de España en obtenerla.
En su aspecto externo, destacan los bordes con el dibujo de la pleita o aro tradicionalmente hecha con hojas de palmera trenzada. Su masa al corte aparece compacta, de textura cremosa y sabor acidulado y algo picante.
El color de la corteza suele ser blanco en los tiernos, aunque en los curados es parda o amarillenta. Además, los quesos que se van a conservar más tiempo se untan con aceite, pimentón y/o gofio, lo que les confiere características particulares y una curiosa variedad de sabores.
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A los quesos que se elaboran para comerse curados, se les puede añadir una pequeña cantidad de leche de oveja, pero ha de ser de la de raza canaria.
El pastoreo de los animales en los singulares parajes de una isla árida como Fuerteventura tienen mucho que ver en la calidad de la leche y en el producto final conseguido.
El queso majorero de leche de cabra, es, quizás, el ejemplo gastronómico de más renombre tanto dentro como fuera de las islas y debido a su calidad ha cosechado numerosos premios.
No se puede hablar de gastronomía canaria y no hacer mención a su maravillosa repostería y postres.
El isleño tiene una especial predisposición a lo dulce, lo cual podría estar relacionado con una realidad económica basada en la caña de azúcar, que tuvo mucha repercusión en las Islas.
En el ámbito rural, podemos degustar todavía auténticos postres canarios que han pasado de generación en generación y cuyos ingredientes, totalmente naturales, hacen del producto una excepción en el mercado de la repostería.
En cuanto a los ingredientes, el millo, ya sea entero o molido, la almendra, la miel y las frutas, son la base de los postres canarios.
No hay comida canaria, que se precie sin un buen postre a base de gofio, miel o plátanos, acompañado ya sea de un buen licor o de ron de la tierra.
Cabe destacar, además de la gran variedad de frutas tropicales, ricos dulces como los huevos moles (término portugués que define esta mousse de yema de huevo y almendra amarga), los marquesotes (bizcocho azucarado), el quesillo (flan de huevo), las tortas de Vilaflor, la leche asada o el célebre frangollo, un postre muy característico, entre cuyos ingredientes no puede faltar harina de millo, leche, canela, limón, azúcar y almendras.
Pero cada isla tiene su singularidad en la repostería, aunque podemos advertir una clara similitud y aspectos comunes entre todas las islas.
A la hora de escoger los postres más representativos de nuestras islas no podemos olvidar las rapaduras y almendrados palmeros; quesadillas y rosquillas herreñas; torta vilana y leche asada gomera; bienmesabe y queso mazapán gran canario; bombón gigante laguneros y rosquetes blancos de Tenerife; en Fuerteventura: el frangollo, que se hace añadiendo cáscaras de limón a la leche y se cuece con harina, yemas de huevo, azúcar, almendras y pasas; el bizcochón majorero, que se hace con harina de garbanzos y los buñuelos de queso, cuyo sabor se deja notar intensamente; y en Lanzarote tortillas de carnaval (torrijas) y truchas conejeras, entre otros.
La repostería Canaria ha tenido y está teniendo gran prosperidad en los últimos años en todas las islas, con el perfeccionamiento de ésta, vemos recuperada la cultura popular y cómo se ha sacado del abandono todos esos postres canarios que hacen las delicias de canarios y no canarios.
La importancia de la repostería en nuestros días se debe, en gran medida, al trabajo y creatividad de nuestro pueblo, ya que nuestra dulcería se produce en gran cantidad.
No deberíamos olvidar las culturas vinculadas a nuestro Archipiélago, española, en general, hispanoamericana, árabe, francesa, inglesa...
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Nuestra repostería es, gracias a los buenos productos que nos da la tierra, uno de los postres más ricos que pueden existir y que ha ido marcando, con el paso de los años, nuestra propia cultura.
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