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Los orígenes de la historia de Canarias en general se entremezclan con mitos y leyendas y
existen varias teorías al respecto. De una u otra forma hay que remontarse a la época
clásica para tener las primeras referencias históricas de
Gran Canaria.
La conquista de la Isla, realizada en el último tercio del siglo XV bajo el mandato de los
Reyes Católicos, costó cinco años de lucha, debido a la fuerte resistencia que
ofrecieron los aborígenes. La incorporación definitiva de Gran Canaria a la Corona de
Castilla se debe a Pedro de Vera, quien concluyó en 1483 la
conquista iniciada por Juan Rejón.
A partir de ahí, la corona de Castilla comienza a infiltrar en Gran
Gran Canaria todo su tejido
político, social y económico.
Habrá que esperar hasta mediados del siglo XIX para que se instauren los puertos francos,
un régimen especial económico nacido para favorecer las relaciones comerciales del
archipiélago. Es precisamente esta prebenda, basada en las exenciones fiscales y facilidades
para el libre comercio, la que actúa como el mejor atractivo para que el número de barcos
ingleses y compañías navieras que recalan en la Isla se multipliquen.
Ese tráfico de barcos fue precisamente el causante de que en
Gran Canaria se desarrollase la
actividad turística, que con el transcurrir de los años se convertiría en la principal
fuente de ingresos de la Isla y la colocaría como uno de los principales destinos turísticos
del mundo.
Fueron también estas compañías las que impulsaron la creación de hoteles
en la Isla, entre ellos el Santa Catalina (1890), en Las Palmas de Gran Canaria, el único
establecimiento que, desde sus inicios permanece abierto.
Ni siquiera la apertura del Aeropuerto de
Gran Canaria (por entonces Gando), en 1930, ayudó a
reavivar el turismo. |



