El municipio
se divide en diferentes entidades poblacionales: Valle
San Lorenzo, Arona, Cabo Blanco, Villa Isabel, Las Galletas,
Los Cristianos, Buzanada y La Camella. Residen en ellas
52.572 habitantes, según los datos del Instituto
Canario de Estadística (Istac) correspondientes
a 2002.
El auge de la agricultura de regadío en invernaderos
comenzó en los años cincuenta y el turismo
y la construcción, una década después.
El sector turístico y sus actividades paralelas
se han convertido en el motor de la economía
local, lo que lo convierte en uno de los municipios
más densamente poblados de Tenerife.
Dentro del menceyato de Abona, su población aborigen
sufrió la esclavitud y se alzó en las
montañas, cuyo recuerdo permanece en abundantes
topónimos y leyendas. Por eso, la capital municipal
se encuentra sobre los 619 metros de altitud. Su génesis
se debe al establecimiento de Antón Domínguez
y su mujer, Francisca Delgado Guanarteme, en estas tierras,
quienes mandaron a construir su vivienda y granero,
Las Casitas de Altavista, y la ermita de San Antonio
Abad en 1627, en torno a la cual se desarrolla el centro
histórico, con varias casonas de factura canaria.
El sector costero es el que ha experimentado el crecimiento
más acusado, sobre todo en Los Cristianos y la
zona de Playa de las Américas que pertenece al
municipio. Los Cristianos ha sabido compaginar de manera
equilibrada la actividad turística con la labor
portuaria -sobre todo la conexión con La Gomera-
y su tradición pesquera artesanal.
Más hacia el este está Palm-Mar, por debajo
de la Montaña de Guaza, y ya llegando al término
municipal de San Miguel se localizan Las Galletas, con
hermosos paseos ajardinados junto al mar, y la Costa
del Silencio, donde se desarrolló el complejo
turístico Ten-Bel, con abundantes zonas verdes.
Los visitantes no pueden irse de Arona sin visitar la
iglesia del Cristo de Arona, de gran interés
turístico.
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